El hombre que ve música en los objetos e inventó la bici-arpa

Néstor Cenizo

 

Hubo un tiempo en que, en aquellas proto-bicicletas de montaña que florecieron de un día para otro, muchos llevábamos un bolsito triangular donde guardar un kit para pinchazos. En ese vacío entre los tubos de una bicicleta, un hueco mal aprovechado, Roberto Herruzo puso un arpa. Este hombre hace instrumentos y la bici-arpa es su creación más lograda, o al menos la más popular.

A él, que ha participado hasta en talent-shows televisivos, no es fácil reconocerle por la calle; en cambio, casi siempre reconocen su bici. La bici-arpa es un invento estético de primer orden, pero también podría servir para combinar la pasión por la música con las ganas de darle a los pedales. Harpo se lo pasaría en grande.

Aquí hemos venido hablar del caso de Roberto Herruzo, un músico malagueño que ha hecho de su pasión un oficio artesano. Vive en una especie dúplex pegado a un estudio de grabación, en pleno Parque Natural de los Montes de Málaga. Que la música es su pasión queda claro por la clave de sol que le brota del cuello, por la clave de fa en el anular de la mano izquierda, por las corcheas en los dedos, por las efes del violín en los antebrazos y por el tatuaje que asoma bajo la camiseta: “Whoever loves music loves life” (“Quien ama la música ama la vida”). Que la música también es su oficio lo explica el hecho de que en la planta baja lo mismo aparezca un sitar que unos tank-drums fabricados con restos de bombonas de butano o un patinete de ocho cuerdas. Un pequeño reino del caos musical.

“Todos los instrumentos son míos”, comenta. Y nos va explicando: aquí hay una guitarra de ocho cuerdas metalera transformada en “guitarra de tapping“, para tocar como si fuera un piano. Allí, un doble mástil que combina una guitarra Fender Stratocaster con sistema MIDI incorporado y un bajo. Todo es reciclado. Ha cortado el cuerpo de los instrumentos con una radial y los ha vuelto a unir para tenerlo todo en uno. “De esta forma puedo hacer un espectáculo entero de batería, guitarra, bajo y ‘sinte’ solo con este cacharro y el loop“.

Porque esa es la otra pata de su espectáculo. El loop. Ese compás que se reproduce en bucle para dar a quien lo escucha una sensación de continuidad. Herruzo da conciertos con sus propios instrumentos y acaba convirtiéndose en una especie de orquesta unipersonal a base de loops. Es Juan Palomo por partida doble: con sus instrumentos hace una orquesta. Su música combina la influencia de las músicas del mundo, especialmente las orientales, con la andaluza, aunque también tiene un tema que recuerda poderosamente al Paranoid Android de Radiohead.

Herruzo está a punto de patentar un instrumento inspirado en el sitar, el sarod y la hansa vina, tres instrumentos tradicionales hindúes, pero él dice que la palabra “lutier” le viene grande. Empezó con esto de inventar instrumentos cuando se rompió una pierna. Como se aburría, tapó alguno de los agujeros de las muletas y comenzó a sacar sonidos. A raíz de aquello grabó una maqueta con un amigo productor usando un tonel, una tubería y un “noséqué”. Y aquella maqueta con objetos la llevaron a un concurso incluido en un programa de M80. El concurso se llamaba Festival de Músicas Minúsculas y lo presentaba Pablo Motos. Herruzo no ganó, pero por primera vez sintió reconocimiento y perseveró. Al año siguiente presentó una canción y se llevó el premio. “A partir de ahí ya me vine arriba con este tema”, recuerda.

Ahora vive de la música “bastante mejor” que cuando era peluquero, y dice tener una carrera “lentita, pero siempre hacia arriba”. Uno de sus hitos fue participar en la edición de 2016 de Got Talent España. “Para este peluquero de profesión, cualquier objeto puede convertirse en un instrumento de música”, decía la promo de Telecinco. Y aunque explica que aún tiene que vencer las resistencias de algunos músicos, ha dado conciertos en Miami o Alemania. No es el único que se fabrica sus propios instrumentos, y él mismo cita a Proyecto Voltaire, un colectivo sevillano: “Unos máquinas”.

Mientras habla, Herruzo hace hueco apartando tank-drums. Los hace a partir de bombonas de butano desechadas y está preparando una buena cantidad para vender en Alemania. El secreto de su sonido, dice, está en la afinación. Sólo él conoce la técnica, tan secreta como la fórmula de la Coca-Cola.

Y luego está ella. Porque es a ella a la que muchos reconocen cuando la saca a “pasear” o cuando entran a su estudio. Herruzo reconoce que la bici-arpa supuso un cambio en su carrera. Lo que él llama su “pelotazo”. “La cabeza mía funciona un poco así. Veo instrumentos en todos lados”, nos dice. Lo que nos hace pensar que la idea de la bici-arpa se puede resumir de otra forma: donde los demás vemos un vacío, él vio música.

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  1. ROBERTO HERRUZO PADILLA dice:

    OMG tremendisimas!!!!! Jamás hubiese imaginado tan bonitas palabras al describir lo que hago, y conmis lágrimas saltadas continuo aquí trabajando, enhorabuena por este artículo sinceramente me ha hecho sentir algo ???

    1. freshmin dice:

      Gracias a tí Roberto, un placer hablar de personas con valores e ilusiones.
      Gracias.
      Un abrazo,
      Equipo de Artiem – Freshpeoplemag.com

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