El ‘hygge’ ha pasado de moda

Alberto García

 

Los nuevos métodos para acercarse a la felicidad vienen a tirar por la borda eso de “hay cosas más importantes que el dinero, ¡pero son tan caras!”, que se le atribuye a Groucho Marx. Los escandinavos, adalides del bienestar social y emocional, hacen gala de sistemas en los que esa anhelada felicidad es posible sin apenas gasto. Se puso de moda el concepto danés del hygge, que, según Meik Wiking, una de sus autoras impulsoras, tiene que ver con un ambiente cálido, con desconectar o con anteponer el ‘nosotros’ por encima del ‘yo’. La invasión de nuevas palabras de variable pronunciación ha dejado a esta filosofía fuera de moda.

 

Ahora triunfan otras como el kalsarikannit, el lagom o el sisu. Si el ya mencionado hygge partía de una premisa sencilla, esa de disfrutar de las cosas sencillas, de retener el presente, estas dan un toque alternativo. Quizás más osado. En el hygge se abogaba por adormilarse frente a una chimenea, por disfrutar de un chocolate caliente o por sustituir esos pantalones formales por esos raídos tan cómodos. El kalsarikannit, que algunos ya catalogan como la moda del año, viene a significar algo así como “emborracharse solo en casa y desnudo”.

 

“¿Es un sustantivo? ¿Un verbo? ¿Uno se kalsarikannit o hace un kalsarikannit? A quién le importa. Resulta que mi casa ha sido un templo del kalsarikannit todo este tiempo y pretendo pasar cada fin de semana en la búsqueda de la santidad. Adiós pantalones”, reflexiona Joseph Hernández en su columna para el Chicago Tribune. Su empuje ha sido tan grande que los creadores han ideado emojis con el término. En los dibujos, un hombre sonríe en un sillón, jarra de cerveza en mano y calzoncillos, o una mujer se tumba en camisón con una copa de vino.

Publicaciones de bienestar o moda lo han remarcado como un nuevo estilo de «fiesta para treintañeros». Cansados de emperifollarse para salir o de reservar en locales llenos, los finlandeses que quieren juntarse entre conocidos para beber y charlar apuestan por la comodidad y lo íntimo. Las reglas, además, se cumplen con facilidad y suelen coincidir con el gusto de los que no necesitan el exterior para divertirse. Chimeneas, velas o música relajante de fondo, lo importante es que el atuendo no sea protocolario. Que la pareja, los amigos o el tipo en soledad usen lo más holgado bajo el confort de su hogar y, a partir de ahí, gocen tranquilamente de un cóctel. Con más gente se le da, según el articulista del Chicago Tribune, «un toque más sofisticado y gamberro a este plan tranquilo y poco social».

 

Sin necesidad de provocar un cisma en la vida laboral o social, los nórdicos tienen claro que hay un tiempo para todo. Conocida su faceta de conciliar distintos aspectos vitales, el equilibrio es parte de sus prioridades. En Suecia, también como contraparte al hygge finés, han introducido la teoría lagom, que viene a significar “punto medio”. El objetivo no es encontrar la felicidad sino posicionarse hacia una vida más sostenible. Abarca todas las facetas de la vida, desde el ahorro de dinero hasta la dosificación del estrés o del tiempo libre. Elliot Stocks —editor de Lagom, revista que lleva el nombre de esta corriente— sostiene que “más que un estado, es una forma de vivir”. Ejemplos: reciclar los desechos, reutilizar prendas de ropa o prestar atención a la hora de usar combustibles o incluso productos químicos como el maquillaje o geles de baño. El cuidado personal está ligado al de medio ambiente. Y los suecos, pioneros en la conservación del entorno, lo quieren expresar con esta palabra.

 

Una tendencia actual también tiene  que ver con el modo de encarar el futuro. De sobra conocida nuestra ansiedad por la incertidumbre o nuestra incapacidad para atravesar desatinos, los finlandeses han dado un par de sílabas de corte oriental al enfrentamiento de la desgracia. Acostumbrados a inclemencias del tiempo, a antiguas batallas entre civilizaciones o las nuevas formas de vida que impone la modernidad, enumeran la “valentía, resiliencia y durabilidad” como el tridente que asimila el sisu. “Aquellos que tengan más sisu serán capaces de superar los obstáculos y triunfarán”, sostienen. Templanza, flexibilidad para regatear los embistes del destino o recursos para salir al paso.

 

Quizás ya estaba todo esto en los antiguos griegos, pero ahora conceptos como sisu, lagom o kalsarikannit se escuchan más que ataraxia o epicureísmo. Si nos ponemos exquisitos, hasta el hygge ya tenía un referente cercano. El mismo Groucho Marx lo dijo así: “La felicidad está en las cosas pequeñas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”.

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