Estos son los países más felices del mundo y así van a superar a los más ricos

Carlos Carabaña

¿Qué es la felicidad? ¿Cómo medirla? Mientras que en el caso del dinero y la economía existen decenas de indicadores y definiciones y muchos se han encargado de tratar este tema, en el de la felicidad es más complicado. Resulta curioso que haya sido Bután, un pequeño reino en el Himalaya con una población de 700.000 habitantes, quien haya dado al mundo un estándar que se denomina Felicidad Interior Bruta.

Fue el 2 de junio de 1974, cuando Jigme Singye Wangchuck, al ser coronado como monarca de su país y en ese momento el más joven del planeta, dijo durante su discurso que “la felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto”. Así, este chaval de 18 años que se convertía en Rey Dios, confrontaba el FIB con el PIB.

La idea, que desde entonces marcó las políticas públicas del diminuto reino, es que no debe mirarse sólo el dinero, sino que hay que buscar otros aspectos como el desarrollo sostenible y equitativo, la preservación y promoción de la cultura, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno. La sociedad no debe ser vista como un ascensor económico, sino si ofrece una forma de vida que conduce o no a la felicidad de los ciudadanos.

Un factor base puede ser la religión budista, que cree que todos los seres persiguen la felicidad; y el otro, que Bután es como un folio en blanco debido a que fue un reino medieval hasta los años 60.

En 2008, Bután se decidió a medir, a cuantificar, la felicidad, para lo que creó un método. Primero van por los hogares, realizando un test de 180 preguntas, agrupadas en asuntos como ‘Bienestar psicológico’, ‘Uso del tiempo’, ‘Cultura’, ‘Diversidad medioambiental’… Hay cuestiones tales como si pasan mucho tiempo con sus hijos o si tienen mucho estrés en el trabajo. Con  las respuestas, realizan un cálculo estadístico y se les da un valor que les permite comparar la felicidad de sus ciudadanos.

Luego, una vez obtenido el resultado, se compara entre profesiones, regiones, edades y demás. Todo ello se usa para determinar las políticas públicas que conduzcan a que todos sean lo más felices posible. Un ejemplo puede ser que se invierte en el sector de la salud entre el 7,4% y el 11,4% de todo del gasto público, se concede gran importancia a la atención primaria de salud y está prohibido privatizar los servicios sanitarios. Además, en 1988 se creó un fondo de depósito para garantizar un suministro ininterrumpido de medicamentos y vacunas.

Este 2017, de hecho, se convocó la primera Cumbre Mundial de la Felicidad, que se ha celebrado en Miami (Florida, EEUU) del 17 al 19 de marzo, donde por primera vez en la historia no se han reunido los países más grandes y ricos del mundo (G-20), sino los más felices, en un simbólico Happy 20 (H-20). Los organizadores, World Happiness Summit (WOHASU), señalan que el 87% de las personas no es feliz en su trabajo. Sólo en EEUU se consumen más de 10.000 millones de dólares en antidepresivos y la misma cantidad en libros de autoayuda. Por ello, todo lo que derive de esta cumbre del pequeño reino de la felicidad, ¡bienvenido sea!

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