Agua de mar: no apta para beber, pero lista para cocinar

Néstor Cenizo

En un vídeo emitido en 2016 en el programa de televisión Espejo Público aparece un señor, de nombre Ángel Gracia, que dice lo siguiente: “Nosotros somos agua de mar isotónica. Lo que hay en el mar es lo que tenemos nosotros dentro y en origen”. Luego la reportera le pregunta: “¿Vosotros la bebéis directamente?”. La respuesta es que sí, y Ángel Gracia y quienes lo acompañan beben en directo. “La bebemos porque el agua de mar no está contaminada. Es imposible que los gérmenes de procedencia terrestre contaminen el agua de mar por el fenómeno de la ósmosis”, responde Gracia, quien dice ser el creador de la “dieta del delfín”.

El ejemplo de este hombre es el extremo de una tendencia: el agua marina sirve hoy como complemento alimenticio o para cocinar, pero hay quien ha llegado a ver en ella propiedades curativas casi milagrosas y aboga por su consumo directo. Aquí vamos a explicarte para qué sirve el agua marina y qué propiedades no están demostradas y son, por tanto, un mito sin solidez científica alguna.

Antes de seguir, dejemos clara una cosa: beber agua de mar no te va a curar. A estas alturas deberíamos estar prevenidos, pero en internet se lee de todo. Con respecto al agua de mar muchos de esos comentarios son falsos, interesados o no tienen ninguna solidez científica. Hay algunos libros autoeditados que inciden en las supuestas propiedades del agua marina. Por ejemplo, en Cómo beber agua de mar, Mariano Arnal asegura que sirve como “regulador del medio interno, nutriente celular, reconstituyente, dentífrico y colutorio, laxante, purgante, desinfectante y cicatrizante para infecciones y neutralizador de la acidez de estómago”. También que ayuda a adelgazar. Nada de esto está probado. “Si riegas una planta la matas. Como la concentración de cloruro de sodio es mayor que la concentración de sales de tu cuerpo, si la bebes a pelo arrastrará el agua del epitelio intestinal”, explica el profesor, divulgador y bloguero José Miguel Mulet, doctor en Bioquímica y Biología Molecular.

Para dar fuerza a sus tesis, Arnal asegura que fue “náufrago voluntario” en Fuerteventura y que sobrevivió a base de agua marina. Probablemente fue compañero de Ángel Gracia, que en el vídeo anterior aseguraba haber bebido un litro diario por varios días: “Nadie se deshidrata, es diurética el agua de mar y es beneficiosa para la humanidad”. Sin embargo, no se conocen ejemplos de náufragos que sobrevivieran a base de agua de mar.

El origen del mito de las propiedades curativas del agua salada está en las teorías de René Quinton, un fisiólogo y naturalista francés que creía que era el entorno natural para las células animales porque, según aseveraba, la composición química del plasma sanguíneo es muy parecida. Quinton llegó a asegurar que había sustituido la sangre de un perro por agua marina y el perro había sobrevivido. “Es surrealista, pero cuanto más estrambótica es una tendencia más triunfa”, opina Mulet.

El agua de mar es una disolución de cloruro de sodio con una concentración de unos 35 gramos de sal por litro, una barbaridad. Ingerir un vaso de agua marina, directamente o a chupitos, aumentará la sed de quien lo haga porque el riñón necesitará más agua para eliminar el sodio. El riñón sufrirá un grave daño y el aumento del consumo de sal incrementará los riesgos asociados. Y un problema añadido: consumir sin más el agua de los mares es un riesgo porque no sabes qué toxinas, microbios y bacterias estás metiendo en tu cuerpo.

Además de milagreros, el agua de mar ha generado en los últimos años una amplia gama de productos: desde el propio líquido preparado para cocinar patatas fritas, pasando por cerveza o suplementos alimenticios. Esos productos se preparan con agua marina tratada según unas pautas que establece la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, así que su consumo no entraña ningún riesgo. Otra cosa es que aporten todo lo que prometen.

 

Laboratorios Quinton aprovecha el nombre del fisiólogo para comercializar “productos innovadores de agua de mar microfiltrada”. Entre ellos está Totum Sport, una bebida hipertónica envasada en ampollas que Rafael Nadal ingirió durante un partido del Abierto de Australia de 2015. Se trata de un producto que se anuncia como un aporte concentrado de minerales. Igual que este, otros productos se venden en herboristerías como complemento alimenticio. Mulet cree que el mercado ha generado unas necesidades inexistentes y que los complementos son innecesarios si se sigue una dieta equilibrada.

Otras empresas como Mediterránea han apostado por diversificación más absoluta. Venden patatas fritas, pan, cervezas, frutos secos y hasta pizzas elaborados con agua de mar.  Mediterránea incluso ha lanzado al mercado toallitas empapadas para la conservación de pescados. Con apenas siete años de andadura, la empresa está intentando hacerse hueco en Estados Unidos.

Por último, el agua de mar se comercializa en su forma más básica: como agua de mar. Eso sí, sometida a unos procesos de tratamiento. Se recoge a una distancia y una profundidad que garanticen su limpieza; se analiza, se somete a un microfiltrado y se reduce su concentración de boro, de cinco miligramos a uno por litro. En una entrevista a El Comidista, los fundadores  de Mediterránea explicaban que la idea se les ocurrió viendo a Ferrán Adrià llevando agua de Cala Montjoi a El Bulli para cocinar y conservar pescados y mariscos. Y aquí sí: los que lo prueban suelen coincidir en que el sabor es especial. Al menos media docena de empresas comercializan hoy este producto, en envases de dos a diez litros, y con precios que oscilan entre uno y dos euros por litro.

El agua de mar no hace milagros. No cura enfermedades incurables, y bebértela a morro puede generarte una buena diarrea, si no algo peor. Si te sientes mejor con un complemento a base de agua marina, adelante, pero no hay evidencias de que te aporten más de lo que ya tienes si sigues una dieta normal. Y eso sí: las tiendas gourmets y los lineales de algunos supermercados empiezan a ofrecer una variada gama de productos hechos con agua de mar sobre los que sólo tú eres soberano porque en tus gustos mandas tú.

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