El traductor universal ya está aquí

En todas las películas de ciencia ficción, salvo honrosas excepciones como Contacto, Encuentros en la Tercera Fase o La Llegada, salvan el problema de la comunicación entre especies de dos planetas lejanos con un sencillo dispositivo: el traductor universal. Pero, hasta ahora, era eso, un invento de fantasía que no creíamos que pudiese existir. Una empresa mexicana, Waverly Labs, asegura que está muy cerca de lograrlo.

Su invento, llamado Kit de Traducción Pilot, puede ya reservarse por la módica cantidad de 249 dólares y sus creadores aseguran que estará disponible para el verano de 2017. Consiste en dos auriculares, disponibles en rojo, negro y blanco, y una aplicación llamada Pilot. El funcionamiento, según su web, es el que sigue.

Cada auricular tiene dos micrófonos y usa algoritmos de cancelación de ruido para filtrar el sonido ambiente. Usando el reconocimiento de voz y máquinas traductoras, la aplicación traduce instantáneamente el sonido de un auricular y lo envía al otro, con un retardo de dos segundos.

Lo más curioso es que ninguna de estas tecnologías es una novedad, sino que usa técnicas y dispositivos existentes para configurar un nuevo producto. Todo smartphone tiene un conversor de voz a texto. La traducción de textos es un proyecto que lleva ya siete años en marcha. Hay decenas de aplicaciones que hablan con sus usuarios, como los GPS para vehículos. Por el medio, trucos como la cancelación del ruido del ambiente o los autocorrectores de texto.

El problema parece estar en que las demostraciones en vivo no están yendo demasiado bien. Según un texto de La Voz de Galicia, cuyo autor asistió al Mobile World Congress de Barcelona, Waverly Labs “tiene problemas para hacer demostraciones reales de su producto” y esto “ejemplifica uno de los problemas de las plataformas de micromecenazgo: la facilidad para conseguir financiación es inversamente proporcional a las posibilidades de que un proyecto se haga finalmente realidad”.

Pilot fue uno de esos proyectos virales que se financió a través de plataformas como Indiegogo. Nacido tras comprobar las dificultades que su creador tuvo para entenderse con una francesa que conoció en un viaje, publicó en la plataforma de micromecenazgo un prototipo y pidió 75.000 dólares para llevarlo a cabo. Finalmente recaudaron más de 4 millones de dólares. Queda por ver si podrá cumplir sus promesas o entregará un producto mediocre a las miles de personas que ya han reservado su traductor universal estilo Star Trek.

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The Chan Zuckerberg Initiative: el matrimonio Facebook empieza a salvar el mundo

Mark Zuckerberg tiene mucho dinero. Tanto que este año ya ha superado en la lista Forbes al mexicano Carlos Slim y el jefe de Amazon Jeff Bezos. Por delante le quedan Warren Buffet, Amancio Ortega y el que sería su equivalente en los 90, Bill Gates. Como el genio de Microsoft, que tiene la Bill & Melinda Gates Foundation, Zuckerberg ya tiene con su señora su propia organización filantrópica. Pero como le gusta pensar diferente, no es una fundación al uso.

 

Chan Zuckerberg Initiative es su nombre y fue creada a finales de 2015, poco después del nacimiento de la primera hija del matrimonio. En ese momento anunciaron que durante la próxima década le destinarían 3.000 millones de dólares con un objetivo quizá demasiado ambicioso: curar todas las enfermedades del mundo. De momento, acaba de hacerse público que han vendido 1.300 millones dólares en acciones de Facebook para financiar esta iniciativa.

 

Su modelo, saludado en su día como una alternativa a las fundaciones clásicas sin ánimo de lucro como la de Gates o la de George Soros, consiste en una organización de responsabilidad limitada. Según explicó Zuckerberg en un post de su red social, esta fórmula, aunque le impide recibir los beneficios fiscales de las fundaciones, le da más libertad de juego. Además de dar dinero a ONG, su estructura le permite invertir en compañías privadas y hacer lobby por las políticas públicas que considere más positivas.

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El primer ejemplo de sus acciones ha sido la compra de Meta, una start-up con sede en Toronto, Canadá. Enfocada al mundo de la biomedicina, donde cada día se publican cientos y cientos de nuevas investigaciones, Meta usa algoritmos para leer y entender los documentos científicos y ordenarlos según las preferencias de cada investigador, encontrando vínculos y patrones que serían invisibles para el ojo humano.
Durante su compra, la Chan Zuckerberg Initiative explicó que iban a desarrollar un software que usase esa tecnología también para otras ramas del saber y liberarla para que todos los científicos puedan usarla. Esto les ahorraría, bajo su punto de vista, innumerables horas de trabajo que podrían dedicar a otros objetivos más nobles y ambiciosos. Como, por ejemplo, curar todas las enfermedades del mundo.

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