¿Estamos estimulando demasiado a los niños?

Sí, empieza a ser un motivo importante de reflexión. ¿Estamos sobreestimulando en demasía, valgan el verbo y la redundancia, a los niños? La psicóloga infantil Alicia Banderas considera que el exagerado afán imperante por imponer a nuestros hijos destrezas y capacidades no es precisamente beneficioso, merma su espíritu crítico y moldea a personas impacientes, desconocedoras de esa sana sensación del aburrimiento. El tedio. La soledad. El silencio. La contemplación. El hecho de que tras el número 1 va el 2. Según la experta, hay un mito generalizado que debemos derribar: el cerebro de los niños no es como una esponja. ¿Cuántas veces lo afirmamos o lo escuchamos, sin nada que objetar? Por no hablar del excesivo empleo de los teléfonos móviles, los ordenadores o las tabletas, que disparan el estado de alerta y sobreestimulación, cuando no devienen en denodado narcisismo y dudosa autoestima.

Recientemente se publicaba que el Ministerio de Sanidad ha incluido en 2018, por primera vez, la adicción a las nuevas tecnologías dentro del Plan Nacional de Adicciones. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, apunta que una de cada cuatro personas padece trastornos de conducta también por este motivo. Adolescentes y jóvenes son el principal grupo de riesgo. De modo que, en efecto, urge concienciar a la población una y otra vez para un uso adecuado de los dispositivos que conforman nuestra cotidianidad. La era virtual resulta una realidad irreversible y, por ejemplo, por citar una de las redes sociales más populares, solo en Instagram se dan 4.200 millones de likes y se suben 95 millones de fotos y vídeos cada día. Son datos de Omnicore, pero no hacen falta muchos más estudios rigurosos para intuir que andamos todos un tanto hipnotizados. En Fresh People Mag se ha explicado cómo “a principios de este milenio, algunos científicos comenzaron a hablar de thumb generation, la generación del pulgar”, por aquello del dedo que más sacamos a pasear.

Un libro profesional en pos de la sensatez

Niños sobreestimulados (Ed. Libros Cúpula) es el trabajo de Alicia Banderas para promover una educación a fuego lento. En sus páginas se alerta de los riesgos de la excesiva estimulación a la que sometemos a la juventud, con agendas propias de ejecutivos. Desde que apenas levantan un palmo del suelo, exponemos a la muchachada a un ritmo frenético, incesante, repleto de imágenes que su cerebro no está preparado para asimilar o filtrar. Un caudal de información que consigue una respuesta perceptiva excelente, de multitarea pertinaz, pero definitivamente saturada. “Estas situaciones les dejan desprotegidos sin que haya espacio en sus vidas para la calma o para el descubrimiento del mundo por sí mismos”, arguye la autora, profesional mediática y firme defensora de una formación sosegada, sin menoscabar la creatividad y la curiosidad innatas en los niños.

Alicia Banderas plantea cuestiones actuales y de obligado análisis para afrontar el presente y el futuro de la humanidad, que dependerá de la llamada Generación Net. ¿Cómo evitar la intoxicación tecnológica y conseguir que la electrónica conviva con los juegos tradicionales? ¿Qué hacer para optimizar la concentración o para liberar estrés? ¿Cómo conciliar las bondades de las máquinas con las virtudes de antaño, sin tantas apps para todo? “Ni cavernícola ni demente digital”, propone. Al fin y al cabo, hay que aprender a jugar a juegos no planificados, a sentirse libres, a abstraerse, a manejar la paciencia y a desarrollar la imaginación frente al hastío.

Pautas y consejos prácticos

La psicóloga no solo ahonda en la teoría de la sobrestimulación que sufren los chavales y que quizá no tenga efectos tan beneficiosos como se piensa. Por ejemplo, al hilo de lo que venimos contando, ¿cómo fomentar la paciencia y la concentración en la infancia? “Cuando tu hijo esté concentrado en una actividad, antes de interrumpirle, valora si es verdaderamente importante lo que vas a decir o preguntar en ese momento o realmente puede esperar”, indica. “Respeta su ritmo, aunque a veces le puedas guiar y darle avisos para acelerar el tiempo que está invirtiendo en una tarea, prosigue. “Permítele que descubra lo que más le gusta. Se dice que aquello a lo que dedicas horas y horas, perdiendo la noción del tiempo, es lo verdaderamente motivador para uno mismo”. Sin duda, son claves para mitigar frustraciones y permitir que cada uno encuentre su sitio, su auténtico perfil social.

“Estrechando lazos familiares y compartiendo minutos con tu hijo en la red se reorienta mejor la conducta abusiva. Sin necesidad de prohibir, se puede poner el mundo digital al servicio del adolescente con mesura y cordura”, señala Alicia Banderas. Y, tras estas reflexiones, la autora irradia optimismo y brinda una loa a la Generación Net por haber cambiado las cosas, incluso a la hora de comunicarnos. “Y dado que el desarrollo tecnológico es imparable, una generación educada digitalmente transformará el mundo y la sociedad avanzará”, concluye.

Alguien afirmó algo así como que “la paciencia es una virtud, pero para conseguirla hay que tener paciencia”. ¿Lograremos ser todos más virtuosos? Ante esta irreversible espiral de estímulos, quienes dentro de unos años –como se suele decir– dirigirán el planeta han de echar el freno. Pero antes deben aprender a hacerlo. Precisan tener mentores y el apoyo adulto. Al menos hasta que –valga la osadía– se descarguen la fórmula desde la Apple Store mientras juegan al Candy Crush, estudian y tuitean sobre una serie.

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