La basura hecha ciudad

Alberto García

 

Lo sostenible ya no es una alternativa sino una obligación. El futuro está en juego. Agricultores, productores o arquitectos se han puesto manos a la obra y el sello de lo favorable para el medio ambiente empieza a ser un elemento común. En los años 70, sin embargo, no era tan habitual. La fiebre de la construcción no conocía límites materiales ni morales y el despegue de grandes figuras del diseño omitía cualquier discurso contrario. Entre quienes levantaron la voz a este dispendio y trataron de voltear el paradigma está Mike Reynolds.

 

Estadounidense de 72 años, Reynolds es conocido como “El arquitecto de la chatarra” por especializarse en la construcción de casas autosostenibles, basadas en el reciclaje de residuos y los materiales naturales. Todos sus proyectos, siguiendo esta lucha contra el consumo y el cambio climático, son respetuosos con el medio ambiente. El más popular es el levantado en Taos, Nuevo México (EEUU). Toda una comunidad cuyos cimientos son botellas de cristal, barro y paneles solares que controlan la temperatura de las casas.

 

“Nos enfrentamos a un futuro en el que tendremos que cuidar de nosotros mismos de forma individual”, exponía Reynolds en el documental The garbage warrior (El guerrero de la basura, 2007) basado en su historia. Para encarar este problema, este arquitecto creó lo que denominó Earthship Biotecture: inmuebles con grandes ventanales, materiales capaces de absorber energía para proporcionar calor, un pozo para suministrar el agua y un sistema de evacuación de residuos orgánicos. “Estamos en medio de un gran calentamiento global. Se nos están acabando el petróleo y el agua. La población se está multiplicando. Por muchas razones, no tenemos tiempo”, repite el activista en la cinta.

Para alcanzar estos postulados le hizo falta un bagaje previo: en 1969 se gradúa en arquitectura por la Universidad de Cincinnati (EEUU), tras haberse formado bajo los preceptos de una familia religiosa y de sobrias costumbres. Allí se encuentra con que la arquitectura está más enfocada al lujo o el diseño que al bien ciudadano. Eso le empuja a imaginar lo que iba a ser su gran obra: viviendas construidas a base de productos reciclados con una estética singular y las necesidades de agua, electricidad y zona de cultivo solucionadas. Latas, botellas de plástico, neumáticos y vidrio como elementos centrales. Aparte, tierra o estructuras de metal para levantar espacios habitables de escaso consumo de energía.

 

Reynolds se plantea la formación como una forma de dar salida a sus ideas. En 1971 publica su tesis en la revista Architectural Record. Siete años después proyecta su primer gran experimento: el Phoenix, un hogar familiar que construye en Taos (Nuevo México, EEUU). A partir de esta casa ubicada en la ladera de una montaña, levantada por él mismo y sin emisiones a la atmósfera, varias personas conocedoras del proyecto se unen para establecerse en la zona y construir más viviendas. Algunas, a la venta por encargo. Sus ‘experimentos’, no obstante, le llevan a recibir algunas demandas por goteras o mala climatización de clientes desilusionados.

Earthship Biotecture2

Y su asentamiento en Taos es víctima de las leyes estatales, que lo consideraron ilegal y peligroso. Tras varios años de lucha, Reynolds reconoció estar pasando una mala época. “Estaba rompiendo las reglas por todos los lados, de eso no hay dudas”, se resignaba el arquitecto, “pero el problema es que hay personas que no pueden ver más allá de las leyes. Y detrás de estas está el calentamiento global”. “Sentías que el estado estaba en tu contra aunque estuvieras haciendo algo bueno para la comunidad”, dice uno de sus ayudantes en el documental.

 

Bloqueo administrativo que le llevó a luchar por salvar su comunidad, proponiendo un cambio legislativo. Tuvo que registrarla y contratar ingenieros, topógrafos y arqueólogos para que inspeccionaran la zona y dieran el visto bueno. En 2004, su residencia, Phoenix, y todos los inmuebles de Taos pasaron a ser aceptados. Y sus diseños empezaron a ser objeto de atención. En 2005, por ejemplo, le requirieron en las islas Andamán (situadas en el océano Índico, pertenecientes a India), donde el tsunami de diciembre del año anterior había reducido numerosas poblaciones a escombros. “Estamos intentando crear refugios con poca tecnología pero fuertes contra un terremoto, y utilizando productos locales”, señalaba Reynolds. Después vendrían el huracán Katrina, en el sur de Estados Unidos (ese mismo 2005), y otros desastres naturales que le harían reforzar su idea de cambiar el consumo y la forma de vivir de acuerdo a un nuevo tiempo.

 

Ahora, Michael Reynolds, el arquitecto o ‘guerrero’ de la chatarra, sigue desarrollando sus proyectos por todo el mundo. Recientemente inauguró la primera escuela autosostenible de Uruguay, en Jaureguiberry. También ha exportado sus construcciones a Ushuaia (Argentina) o a Canadá. Su estudio, Earthship Biotecture, programa además cursos, alquila casas y diseña para todos los lugares del mundo. Reynolds, mientras, insiste: “Es como si tuviera que haber más catástrofes para que todo el mundo se empezara a preparar. Y de pronto ya será demasiado tarde”. “El sueño americano, en mi opinión, se ha ido por el sumidero. Es historia. El sueño americano es ahora cómo sobreviviremos al futuro. No es tener una casa con ocho habitaciones rodeada de césped y con todos los servicios. Es simplemente pensar cómo nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos podrán siquiera tener una oportunidad de vida”, sostiene.

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