Bosques para perderte entre los colores del otoño

Néstor Cenizo

Está claro. El otoño es la estación de los bosques. Siempre es buen momento para hacer una escapada a la naturaleza, pero el otoño ofrece el espectáculo único de los colores cuando los castaños, hayas y robles se preparan para el invierno desnudándose. Los bosques de hoja caduca mudan de piel, y dejan de ser verdes para explotar en mil tonos ocres y rojizos, dejándonos unos paisajes más propios de un cuadro impresionista.

 

Aquí te proponemos algunos lugares fascinantes, con paisajes de película, ideales para una escapada. De varios habrás oído hablar, probablemente hayas estado en más de uno y nos conformamos con que descubras un nuevo rincón. No es una lista exhaustiva, porque no puede serlo. Sabemos que nos dejamos muchos en el tintero. Hay en España decenas de sitios como estos, esperando al otoño para mudar de piel y dejarte con la boca abierta.

 

Bosque de Muniellos: dicen allí que es el bosque de Asturias y el origen de muchos mitos y leyendas. El mayor robledal de España toma el nombre del afluente del Narcea que allí nace. Los robles dan cobijo a osos pardos, lobos, nutrias, gatos monteses y una nutrida fauna ornitológica entre la que destaca el urogallo. Tan delicada es su conservación que debe pedirse autorización para visitarlo y que solo 20 personas pueden hacerlo cada día, previa reserva hasta el 15 de diciembre del año anterior. Por eso, cuando al espanto por los incendios de Galicia se añadió la noticia del que fuego cercaba Muniellos, muchos no podían creerlo. La reserva se salvó, aunque parte de los bosques que la rodean sí quedó afectada.

 

munielos

Selva de Irati: es uno de los grandes hayedos y abetales de Europa y se extiende al norte de Navarra y los Pirineos Atlánticos, ya en Francia. La tala controlada durante siglos ha configurado un bosque de hayas muy uniforme, atravesado por 16 senderos para todas las edades. Sus paisajes parecen sacados de un cuento o del Photoshop, pero no: esas espesuras rojas y los ríos de hojas granate serpenteados por musgo verde existen. Además, si vas ahora podrás presenciar el espectáculo de la berrea de los ciervos.

 

Valle del Genal: en Málaga, a menos de una hora de la Costa del Sol, hay un castañar que parece más propio de otras latitudes. La paleta de colores se desliza aquí del amarillo al cobrizo, moteados del blanco de los pueblos y el azul de Júzcar, el municipio que hace unos años decidió ser pitufo. El Valle del Genal es también un magnífico lugar para el turismo de setas.

 

Pardina del Señor: el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo oscense, se transforma cuando llega el otoño. A sus impresionantes cascadas y saltos de agua añade un cambio de tonalidad que transforma el paisaje. Los verdes son ahora ocres, o rojos, o naranjas. El parque está dominado por el Monte Perdido, desde el que descienden valles glaciares, como el Valle de Ordesa, las Gargantas de Escuaín o el Cañón de Añisclo. La Pardina del Señor es un bosque entre el valle y el Cañón de Añisclo que alberga tantas especies (pinos, abetos –siempre verdes–, hayas, arces, cerezos, álamos, serbales, avellanos…) que la llegada del otoño lo convierte en una paleta infinita de colores. Puedes recorrerlo a pie por los senderos GR-15 o pararte a contemplarlo desde algunos de los miradores de la carretera que une Sarvisé con Fanlo.

 

Bosque_Fanlo-Sarvisé_(Huesca_Pirineo_Aragonés)

Gorbeia: a solo 20 minutos de Bilbao y de Vitoria-Gasteiz está Gorbeia, un parque natural poblado por hayas, robles, alisos, sauces, fresnos y álamos. Gorbeia guarda entre sus árboles tesoros como las cuevas de Mairuelegorreta y Baltzola, las formaciones kársticas de Itzina, la Cascada de Gujuli, el humedal de Saldropo o el hayedo de Otzarreta, un bosque mágico de hayas centenarias cuyas ramas crecen extrañamente hacia el cielo.

 

Hayedo de Tejera Negra: el hayedo más meridional de Europa está en el macizo de Ayllón, en la provincia de Guadalajara, entre dos valles surcados por los ríos Lillas y Zarzas. Surcan sus cielos el águila real, el milano real y el azor.

 

Montseny: el parque natural de Montseny está a tiro de piedra de Barcelona, entre las comarcas de Vallés Oriental, Osona y La Selva. En él se mezclan las especies propias de paisajes mediterráneos (pino, encina, alcornoque), en las alturas más bajas, con las eurosiberianas (hayas, abetos) a medida que se asciende, así que prepárate para un espectáculo de color.

 

Fragas do Eume: esta zona de Galicia es otro de esos lugares donde le sacarás buen partido a tu cámara de fotos. Lagos, valles, cascadas, monasterios del Románico y bosques se distribuyen a lo largo del río Eume. Fragas do Eume es un bosque atlántico de ribera con árboles de hoja caduca (robles, alisos, abedules, tejos), cientos de especies de líquenes y musgos y algunas especies de helechos con origen en el Terciario.

 

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Faedo de Ciñera: este bosque leonés de hayas centenarias acoge a Fagus, un árbol que ronda los 500 años de vida. Es uno de los bosques mejor conservados de nuestra geografía, situado en una zona donde abundaron las minas de carbón cuyos vestigios aún puedes visitar y que marcan el contrapunto a los colores rojizos del hayedo durante el otoño.

 

Fageda d’en Jordá: este bosque en la comarca pirenaica de La Garrotxa (en la provincia de Gerona) crece sobre la colada de un volcán, el Croscat, y esto es precisamente lo que lo hace singular. La erosión milenaria ha dado como resultado un lugar llano, con colinas suaves, y un bosque de hayas a una altura excepcional en la Península: apenas 600 metros sobre el nivel del mar. El hayedo está rodeado por 21 volcanes y a él le dedicó Joan Maragall un poema: “Saps on és la fageda d’en Jordà? Si vas pels vols d’Olot, amunt del pla, trobaràs un indret verd i profond com mai cap més n’hagis trobat al món: un verd com d’aigua endins, profond i clar; el verd de la fageda d’en Jordà” (“¿Sabes dónde está la Fageda d’en Jordà? Si paseas por los alrededores de Olot, sobre la llanura, encontrarás un lugar verde y profundo como nunca hayas encontrado en el mundo: un verde como de agua adentro, profundo y claro; el verde de la Fageda d’en Jordà”).

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