Compromiso con la sostenibilidad

Jorge G. Palomo

Tal vez haya pasado un poco de soslayo. Absortos en otros temas de actualidad que han marcado el pasado mes de octubre, la Semana Global de la Economía Verde y el Movimiento por el Clima 2017 dejó grandes reflexiones en varias ciudades españolas, pero pocos titulares en los medios. Sin embargo, fue un encuentro notable porque “se resaltó la importancia de la economía verde que, además de luchar por un planeta mejor, se erige como uno de los nichos de empleo del futuro de la mano de los ecoemprendedores”, tal y como afirma para Fresh People Mag el director de El Mundo Ecológico, Antonio Quilis.

Y la economía verde, irremediablemente, exige el cumplimiento del Acuerdo de París sobre cambio climático y la ardua tarea de evitar que suban los termómetros aquí y en la Cochinchina. Pero, ¿cómo abordar este objetivo? Según los expertos, transformando los hábitos de producción, transporte y consumo y promoviendo así un desarrollo bajo en carbono. “Y esto no puede hacerse sin el compromiso de emprendedores, startups, empresas y organizaciones de todo el mundo”, señalan desde El Mundo Ecológico. Es decir, el sector privado –donde habita gran parte de la actividad económica– debe impulsar diferentes soluciones ambientales con una mirada empresarial. Los puestos de trabajo deben favorecer el llamado ‘ecoemprendimiento’, un nuevo paradigma para que el concepto de sostenibilidad no sea meramente una quimera.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los empleos verdes “son los que reducen el impacto ambiental de las empresas y sectores económicos hasta alcanzar niveles sostenibles. Se entiende por empleos verdes el trabajo en la agricultura, industria, servicios y la administración que contribuyen a conservar o restablecer la calidad ambiental”. La economía verde, recuerdan desde EcoEmprende, “crece un 20% más rápido que las economías grises, también según la ONU” y se encuentra entre las prioridades de la Estrategia Europea 2020.

Ecosistemas locales y globales

La Semana Global de la Economía Verde y el Movimiento por el Clima, que se celebra desde 2015, está organizada por Ecoemprendedores por el Clima. Este año la cita ha sido del 16 al 22 de octubre en 39 urbes de 23 países de cuatro continentes. En España, ha recalado en Madrid, Badajoz, Barcelona, Málaga, Oviedo, Palma de Mallorca, San Sebastián, Sevilla, Tarifa, Valencia y Vigo. Una gran convocatoria que ha abogado por la creación de negocios que ayuden a combatir el cambio climático. Y para muestra, un botón. Mejor dicho: un galardón. Porque se han entregado los Premios Campeones del Clima, un certamen genuino que reconoce el esfuerzo de pymes y ecoemprendedores por la sostenibilidad. De este modo, también se ha visibilizado cómo una actuación local influye en el resultado global. Cada uno aporta su granito de arena para mejorar, como Tromax y El Ecortijo en Madrid, Biochar Balear en Bilbao, Ecoherencia en Málaga o Kowat en Sevilla. Sí, sin duda, desde las universidades, instituciones, organismos financieros, administraciones públicas y todo tipo de agentes sociales y empresariales han comprobado de primera mano que otro mundo es posible. Ahora bien, urge maniobrar para conseguirlo.

Un dron biomimético

No hay nada como conocer un caso de éxito. Entre los quince proyectos premiados, la empresa sevillana Kowat Control Biomimético ha llamado la atención por su conciliación medioambiental. ¿Cómo? Solucionando las plagas de aves de una forma sostenible, empleando un dron biomimético que las ahuyenta. El aparato es un avión no tripulado que controla la excesiva presencia de pájaros en los campos o en cualquier parte –en la Península Ibérica existen hasta 350 especies diferentes– y cuyo ejemplo se podría usar en otros entornos. Los creadores valoraron que el agricultor sufría más daños en los cultivos por las aves que por los insectos. Asumía las pérdidas, pero no encontraba una respuesta adecuada. Desde Kowat consideran que la solución siempre proviene de las lecciones de la naturaleza. A ellas responde, por ejemplo, el dron biomimético –con dos metros de envergadura y que se parece a un ave rapaz– cuya efectividad roza el 100%.

En definitiva, la regeneración económica no ha de estar reñida con la rentabilidad ni, por supuesto, con el medio ambiente. El impacto positivo es una realidad. No en vano, las jornadas han estado coordinadas en la capital también por Impact Hub Madrid, que reúne un ecosistema de innovación social en más de 100 ciudades del planeta y cuenta con 15.000 emprendedores. Avalada por Naciones Unidas, la Semana Global de la Economía Verde y el Movimiento por el Clima ha redundado en la necesidad imperiosa de afrontar retos frente al cambio climático tanto en las metrópolis como en los alrededores. No podemos procrastinar mucho más estas acciones. El compromiso es individual y colectivo.

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