No dejes que la luz te impida ver el cielo

Néstor Cenizo

 

El documental The City Dark (Ian Cheney, 2012) es un lamento por que los humanos estemos perdiendo, poco a poco y sin darnos cuenta, aquello de lo que venimos huyendo: la oscuridad. “Hágase la luz” es una frase redonda para el Génesis, pero los seres vivos necesitamos la noche tanto como el día. La necesitan las plantas para la fotosíntesis y los animales para descansar. Una escena del documental muestra la desorientación de las pequeñas tortugas de Florida, apabulladas nada más salir del huevo por las luces de su alrededor. Muchas acaban sobre el asfalto en lugar de alcanzar la orilla.

 

La contaminación lumínica tiene otro efecto: hemos dejado de ver las estrellas. Un estudio reciente publicado en Science Advances y liderado por el Centro de Estudios Geológicos de Potsdam concluye que España es el tercer país europeo más afectado por la contaminación lumínica. A pesar de que la densidad de población no es muy alta, sólo un 4 % de los españoles vive en zonas de baja contaminación. “De 2012 a 2016 la contaminación lumínica mundial ha aumentado un 9,1 %”, explica Alejandro Sánchez de Miguel, miembro del Instituto de Astrofísica de Andalucía y partícipe del estudio.

 

La contaminación lumínica ha crecido en los últimos años porque la sustitución de las bombillas tradicionales por la tecnología LED tiene efectos beneficiosos sobre el consumo, pero no tanto sobre la luz que irradiamos a la atmósfera. Al permitir un ahorro, se instalan más LED de las necesarias o se usan mal. “En 70 años se ha iluminado todo. Una nave industrial perdida, iluminada. Está probado que no aumenta la seguridad sino que a veces la disminuye, pero se ilumina porque es barato”, lamenta Sánchez de Miguel.

En España el paisaje es desolador. Madrid emite el triple de contaminación lumínica que Berlín y los españoles emitimos por habitante casi el triple (114 kw/h por habitante y año) que Alemania (45 kw/h por habitante y año). Somos el país europeo que más contamina por habitante, y sin embargo se da una paradoja: “España es el mejor país de Europa para ver el cielo”. El científico lo aclara rápidamente: “Si fuera por los españoles sería el peor. Que podamos ver esto es simplemente un efecto demográfico. Tenemos una densidad muy baja”.

 

Para que los urbanitas podamos disfrutar de las noches oscuras, en los últimos años se ha desarrollado con fuerza el astroturismo. Propuestas de entidades, asociaciones y empresas con o sin apoyo público que basan parte de su atractivo en la divulgación de la astronomía y la ciencia. Así que, una buena noticia: no es necesario viajar al desierto de Atacama para divisar los anillos de Saturno. La España Vacía mantiene el atractivo de su cielo y aún conserva un buen puñado de lugares en los que tumbarse a mirar las estrellas.

 

lucesporlanoche

Muchos de ellos tienen el sello Starlight, un distintivo de calidad impulsado a raíz de la Conferencia Internacional en Defensa de la Calidad del Cielo Nocturno y el Derecho a Observar las Estrellas, celebrada en la isla de La Palma en 2007. “Un certificado Starlight sirve para decir que un sitio es bueno, pero no todos los sitios buenos tienen un certificado”, aclara Marcos Villaverde, de Azimuth, una empresa de astroturismo integrada por científicos que gestiona las visitas al observatorio de Calar Alto. “Nuestro objetivo es acercar al público a la investigación que se está haciendo en nuestro país, que es una de las potencias mundiales en astronomía”, señala.

 

Los mejores sitios para la observación astronómica se caracterizan por su baja humedad y por estar a cierta altitud. Por ejemplo, en Roque de los Muchachos (Isla de La Palma), a 2.396 metros sobre el nivel del mar, se asienta uno de los mayores complejos astronómicos del planeta y el mayor de Europa; y el observatorio del Teide (Tenerife) dispone del telescopio más grande de Europa, con nombre propio alemán: Gregor. Las Islas Canarias disponen incluso de una ley estatal que desde 1988 protege a los observatorios del Instituto de Astrofísica de Canarias de la contaminación lumínica, radioléctrica, atmosférica y del tráfico aéreo.

 

El segundo mayor observatorio de Europa es el de Calar Alto, en la Sierra de los Filabres almeriense. Tiene un telescopio óptico de 3,5 metros de diámetro de espejo principal, el más grande de Europa continental. No lejos de allí, en Sierra Nevada, está el observatorio del Instituto de Astrofísica de Andalucía, visitable solo en verano y con restricciones, puesto que tiene un uso científico. Sierra Morena, que cruza Andalucía de este a oeste, es la mayor reserva Starlight del mundo, con decenas de puntos de observación.

Pero no hace falta desplazarse al Sur para ver las estrellas. En La Rioja puedes disfrutar de las vistas desde los valles de Cidacos, Leza o Jubera. En Ávila, a un paso de Madrid, desde la Sierra de Gredos. Allí, en Hoyos del Espino, el dueño de un hotel instaló en su tejado un pequeño observatorio. En Arcos de las Salinas (Teruel) está el Observatorio Astrofísico de Javalambre. En Torrejón el Rubio (Cáceres), el Observatorio Astronómico de Monfragüe. En Sant Esteve de la Sarga (Lleida), el Parque Astronómico del Montsec, que celebra regularmente un festival de astronomía y un ciclo de música bajo las estrellas. En Costitx se sitúa el Observatorio Astronómico de Mallorca, que en sus más de 25 años de historia ha participado en el desarrollo de algoritmos de autodetección para asteroides. Frutos de este trabajo son los descubrimientos del asteroide Duende, en 2012, o de veinte supernovas extragalácticas.

 

El turismo astronómico ya no es patrimonio de Chile y Canarias. “Gracias a la concienciación por el problema de la contaminación lumínica y a la oportunidad de desarrollo de zonas rurales que ofrece se está haciendo más difusión de este tipo de turismo”. Hay alternativas para todos los gustos. Simplemente, elige tu lugar, coge una tumbona y una manta y no dejes que la luz te impida ver el cielo.

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