Enoturismo, genuino brindis cultural

Jorge García Palomo

En la Real Academia Española aseguran que la nueva versión del diccionario incluirá la palabra “enoturismo”. Atención al plan: “Es una forma de conocer en profundidad un territorio, una comarca vinícola. Las rutas del vino son la puesta en valor de un patrimonio en sentido muy amplio: histórico, paisajístico, cultural, gastronómico”, reflexiona con pasión Juan Pedro Castaño, presidente de la Ruta del Vino de Yecla (Murcia).

 

Se trata de recorrer la identidad de un lugar unido a la viña, “identificar todos estos elementos y hacer una manifestación turística los doce meses del año, lo que implica una diversidad según la estación porque la viña está viva”, apostilla con delicadeza, como quien paladea un buen vino. Porque la viña y la bodega han marcado pasos firmes en el desarrollo de muchos pueblos. Y en el vino, según reza el célebre aforismo de Plinio, se halla la verdad.

 

vinoyecla

Desde Rutas del Vino de España de ACEVIN, su presidenta, Rosa Melchor, cuenta a Fresh People Mag que “la oferta enoturística española es una de las más completas. Reúne prácticamente todos los elementos que el turista busca en una escapada en la que el objetivo último es el disfrute total. Bajo el concepto del turismo del vino no solo tienen cabida las bodegas, sino otros muchos atractivos del territorio”. Y las cifras avalan una evolución positiva y sostenible del sector. El gasto medio del enoturista, subraya, es superior al del turista de perfil general. Y viene gente de todas partes del país y del mundo, aproximadamente un 77% de aquí y un 23% de allá. Porque, a qué negarlo, la magia que rodea a la copa de vino es indescriptible. Una experiencia sensacional, un exquisito arte que suma y sigue. Según el último informe elaborado por ACEVIN, el enoturismo creció el pasado año un 21% y “el impacto económico generado por las visitas a bodegas y museos del vino adheridos a Rutas del Vino de España ha aumentado en casi un 11% y supera los 54 millones de euros”. Y todo esto a pesar de lo que apunta el periodista Rodolfo Castro en La comunicación del vino, donde critica que el 93,5% de las bodegas apenas comunica lo que hace. Un libro donde echa de menos más divulgación de la industria vinícola. Interesante aportación para vender mejor la calidad de estas tierras, de norte a sur y de este a oeste.

enoturismo

Brindamos ya, ¿no?

 

Tintos, blancos, rosados… Desde Rutas del Vino de España certifican casi una treintena de destinos nacionales en once comunidades autónomas, un atractivo y boyante enoturismo que incluye a 600 municipios de todo el país, una población de más de 3 millones de personas y más de 2.000 empresas asociadas al mundo del vino, de las cuales unas 500 son bodegas. Llevan tres lustros trabajando para potenciar un producto legendario. Juan Pedro Castaño, presidente de la Ruta del Vino de Yecla, nos invita a “dejar que se exprese el vino”. “El vino te va contando su historia en cada degustación”, expone, “va de la viña a la bodega y hay que mimarlo, servirlo en la copa adecuada, a la temperatura idónea. El vino bien hecho es un abanico de circunstancias y te recuerda el terreno, la vida de la zona. La uva se cuida con esmero. En nuestro caso, la variedad Monastrell refleja el terreno pedregoso, extremo, poco pluvioso, calizo… Una vivencia con nuestra historia y nuestra cultura”. Confiesa con fervor: “Poder embotellar todo eso y conseguir que se perciba al beberlo es toda una experiencia”. Y añade: “¡Y en buena compañía!”. Porque, sí, el carácter social del enoturismo es fundamental, el maridaje final, la perfección de un modelo turístico que en España brinda sensaciones únicas.

 

“¿Qué hay mejor que sentarse al final del día y beber vino con amigos o un sustituto de amigos?”, se preguntaba un tal James Joyce.

 

Turismo experiencial, motor económico

La diversidad cultural, la riqueza patrimonial, vitivinícola y gastronómica de España está contribuyendo a situar el enoturismo –ese concepto que ya fermenta en la barrica de la RAE– como un sector estratégico de la economía. Desde ACEVIN lo califican de “auténtica locomotora de nuestras zonas vitivinícolas: hace que sea motor de otras actividades económicas que contribuyen al desarrollo local y a la creación de empleo y riqueza en nuestros pueblos”.

 

Pero vayamos a la visión del visitante, del enoturista. Descubramos ciudades, viñedos, rincones de una geografía embriagadora. Alcemos las copas y saboreemos este manjar casi como Lorca, que afirmaba: “Me gustaría ser todo de vino y beberme yo mismo”. O como Pío Baroja, que proclamaba: “Viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino”. Y que suene alto este genuino brindis cultural.

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