Los componentes de los alimentos que más nos asustan

Regina Navarro

Según un estudio publicado por la Consultora Berbés Asociados, entre el 80% y el 90% de la población lee la información nutricional de los alimentos. Un dato nada despreciable teniendo en cuenta que, en 2012, ese valor rozaba el 50% en hombres y el 60% en mujeres. El aumento se debe, según indican algunas encuestas, a la creciente preocupación por conocer lo que nos llevamos a la boca. Vaya, que los conservantes y aditivos están a la orden del día, todos conocemos los famosos E-xxx y nos da algo de miedo ingerir sustancias que no conocemos. Pero ¿de verdad hay que tenerles miedo?

Estas sustancias que sirven para alargar la vida de los alimentos, potenciar su color, espesarlos o endulzarlos, deben pasar antes de poder ser utilizados unos férreos controles de seguridad aprobados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Durante este proceso, la EFSA evalúa qué cantidad podemos tolerar sin que resulte tóxica y, si en algunos casos, puede ser excedida. Además, estos controles se repiten cada cierto tiempo para ajustar los niveles y, en los casos más extremos, retirar algunos productos. Los más de 350 E que podemos leer en las etiquetas de los alimentos son seguros y, en contra de lo que muchas veces pensamos, no son tan perjudiciales para nuestro cuerpo.

Realmente el problema que esconden los famosos E no es su peligrosidad sino, más, bien, su engaño. “Un ejemplo de ello es el uso innecesario de colorantes en algunos alimentos. Por ejemplo, los yogures o refrescos de sabores, que se tiñen del color con el que se pretende asociar su sabor (fresa-rojo, amarillo-limón). Por no hablar de otros en los que el color es un argumento de venta más, como los aperitivos fritos u horneados. En esta línea, otros aditivos que mal usados pueden servir para enmascarar la verdadera naturaleza de un producto serían los acidulantes, espesantes, gelificantes, etc.”, explica Juan Revenga, Dietista-Nutricionista y Biólogo en la Universidad de Navarra. Es decir, que el abuso de aditivos nos lleva a tomar alimentos que poco tienen que ver con lo que realmente deberían ser.

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