Por qué la próxima vez que vaya a una cafetería deseará pedir un té

Regina Navarro

 

Si se acercan las cinco de la tarde y está, por casualidad, en Inglaterra, ya sabe que está a punto de presenciar una de las tradiciones del país. Beber té por la tarde es entre los habitantes del país anglosajón una costumbre arraigada que tiene su origen en el siglo XIX. Poco tiempo si lo comparamos con los verdaderos maestros de esta bebida, la cultura china. Lo suyo, según alguna que otra leyenda, se remonta al año 2737 a.C. y convierte al azar en el verdadero descubridor de esta bebida. Según la historia oral, el emperador Shen Nung insistía en que, por motivos de higiene, el agua debía ser hervida. Un día se recostó bajo un árbol con su vaso de agua y, al despertar, algunas hojas habían caído en él, soltando una sustancia de color rojizo y aroma agradable que no se pudo resistir a probar.

 

Leyendas aparte, lo cierto es que el té es una de las bebidas más consumidas en el mundo y, junto al agua, una de las más beneficiosas para nuestro organismo. Aunque existen diferentes variedades de té –rojo, negro, verde, blanco– es el verde el que, según buena parte de la comunidad científica, mayores beneficios presenta para el ser humano. Entre sus bondades enumeran que ayuda a prevenir el glaucoma, disminuye el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y ayuda a combatir la obesidad. Si quiere apostar por este tipo de té no es necesario caer en la monotonía, hay muchas posibilidades para apostar por el té verde cambiando ligeramente su sabor.

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Un estudio realizado en la Escuela Médica de Atenas asegura que media hora después de la ingesta de esta bebida las grandes arterias de nuestro cuerpo se dilatan, ayudando a prevenir problemas circulatorios. Además, un estudio publicado por la Journal of Agricultural and Food Chemistry asegura que uno de sus componentes, la epigalocatequina, promueve el crecimiento de las células óseas, lo que ayuda a fortalecer los huesos y a prevenir algunas enfermedades como la osteoporosis.

 

El estudio más curioso relacionado con esta bebida es quizá el que llevaron a cabo científicos de la Universidad de McMaster (Canadá), llegando a la conclusión de que esta variedad de té, a través de uno de sus compuestos –conocido como galato de epigalocatequina– era capaz de reducir, en cierto modo, la posibilidad de sufrir Alzheimer. Aunque las causas que producen esta enfermedad no son claras al cien por cien, se asocia a la agrupación descontrolada de ciertas proteínas, algo que el té verde ayudaría a deshacer.

 

Pero esta variedad, aunque parezca milagrosa, no es la única beneficiosa para nuestra salud. El té rojo tiene propiedades depurativas, adelgazantes y digestivas; el blanco es un gran aliado para mantener nuestra piel joven, gracias a su carga de antioxidantes y a que es capaz de bloquear ciertas encimas que destruyen el colágeno y la elastina, según un estudio de la Universidad de Kingston (Reino Unido); el negro puede ayudarnos a controlar nuestro peso y a minimizar nuestros problemas vasculares. Así que ya sabe, la próxima vez que vaya a una cafetería, en lugar de pedir un refresco o una bebida llena de gas y azúcares, decídase por una de las múltiples variedades de té.

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