La metamorfosis del pulgar levantado

Carlos Carabaña

Haz un ejercicio de reflexión. Mira tus manos. Observa sus apéndices. De todos los dedos, ¿cuál es que usas más? ¿Cuál de los cinco dirías que es el dedo dominante? Claramente, el meñique se queda fuera. El anular tampoco es tan útil. Tampoco el del medio o, como dicen en ciertas partes de Latinoamérica, el dedo grosero. Candidatos quedan dos. El pulgar oponible, el que nos distingue de los simios, o el índice para ponernos estilo Cristóbal Colón.

A principios de este milenio, algunos científicos comenzaron a hablar de “thumb generation”, la generación del pulgar. La británica, filósofa y escritora multifacética Sadie Plant, que tiene en su currículo el haber sido directora de la Cybernetic Culture Research Unit de la Universidad de Warwick en su Inglaterra natal, realizó un estudio titulado On the mobile – the effects of mobile telephones on social and individual life.


Sus sujetos de estudio eran menores de 25 años en las capitales de nueve países. Entre otras conclusiones, Plant encontró una sorpresa: los pulgares, en muy poco tiempo, se habían fortalecido, eran más grandes, más fuertes. Usar estos dedos para los teléfonos móviles, para mandar mensajes, había tenido este efecto. Además, los chavales declaraban usar este dedo para actividades tradicionales del índice, como llamar al timbre, señalar…  Pocos años después llegaría Facebook, la red social masiva de esta generación, que tiene como símbolo un pulgar levantado.

Pero cuando todo iba rodado para los pulgares, en camino de convertirse en el superdedo, llegó Steve Jobs y en 2007 presentó el teléfono que lo cambió todo: el iPhone, el smartphone original, para luego introducir el iPad y el resto de la familia tecnológica que básicamente es el mismo aparato a diferente escala. En ellos se miraron el resto de fabricantes para crear sus nuevos productos y por el camino, la única empresa rebelde, RIM y su famosa Blackberry, acabó echando la persiana.

Además de las consecuencias económicas, hubo otro cambio importante en cómo usamos los dedos los seres humanos en la tecnología. Mientras que en el smartphone puede haber discusión sobre si se usa más el pulgar o el índice, con las tablets no hay duda. Su gran tamaño hace que el segundo vuelva a pillar un gran protagonismo.

Según dice el sociólogo y escritor Manuel Espín, en el número 92 de la revista Adolescentes digitales, las imágenes, al transitar desde los ojos hasta el cerebro, producen una explosión tan fuerte que inunda completo nuestro sistema nervioso central. ¿Una prueba? ¿Nunca te has sorprendido, tras un rato usando un tablet, tratando de ampliar una imagen en la pantalla del ordenador usando tus dedos, como si aún estuvieras con el otro dispositivo? De hecho, en la actualidad, un buen número de ordenadores portátiles ya vienen con una pantalla táctil que hasta puede desacoplarse del teclado y usarse por separado.

¿Cómo afectarán estos nuevos aparatos a estas nuevas generaciones? En 2011 se hizo viral una posible respuesta. Es un vídeo de YouTube en el que un bebé, que apenas puede balbucear, trastea con un iPad. La chiquilla entiende perfectamente el aparato. Toca la pantalla e interactúa. Pero sus padres, un poco mala gente, le cambian el avance tecnológico por una revista. La niña la toca, mueve su índice, trata de pasar las imágenes. Se frustra y la aparta a un lado. El montón de papel es simplemente un iPad que no funciona.

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